
23 de junio. ¡Qué nivel de estrategia! La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha ejecutado un brillante “repliegue táctico” —lo que los mortales llamamos irse a descansar— dejando a la sociedad sumida en un mar de dudas. Sus líderes aseguran con el rostro compungido que regresan con las manos vacías, pero, por pura coincidencia cósmica, el Gobierno acaba de soltar 800 millones de pesos para infraestructura en Oaxaca. Nos prometen, claro, que el dinero va directo a los ladrillos y no a las cuentas de los líderes. Habría que ser muy desconfiado para dudarlo.
Recordemos que la CNTE juró que el balón no rodaría en los estadios durante la justa mundialista. Al final, el balón rodó de lo más lindo gracias al operativo “Kukulkán”. La delantera del magisterio, tan brava para marchar, no pudo superar la defensa gubernamental. Tras 19 días de huelga bloqueando calles y colapsando la economía, acordaron poner fin al partido, pero con la advertencia de buscar el repechaje en los próximos meses para abrogar las reformas que les quitan el sueño. Nadie aclaró qué pactaron en sus herméticas mesas de diálogo, pero esos millones seguro fueron un excelente bálsamo para el orgullo herido.
Lo verdaderamente enternecedor es la clarividencia de nuestras autoridades: ¿Para qué planificar un presupuesto transparente si puedes esperar a que te cierren avenidas para recién ahí sacar la chequera? Al Gobierno le fascina la presión; sin chantaje previo parece que no hay obra.
Mientras tanto, los padres de familia observan el espectáculo con apatía crónica. En el pasado, comunidades como Santiago Huajolotitlán demostraron que los tutores organizados podían condicionar a los maestros. Pero como los hijos crecen y salen de la primaria, esos liderazgos se jubilaron, lo cual le viene de perlas al magisterio: una sociedad que solo se queja en redes sociales es el ecosistema perfecto para seguir cobrando sin trabajar.
Por su parte, la presidenta Sheinbaum ha aplicado una jugada maestra de la burocracia: “tirarle la bolita” a los estados. Ahora, cada entidad tendrá que lidiar con sus propias mesas tripartitas. Buena suerte a Oaxaca, un estado famoso por su nula capacidad para contener marchas, a diferencia de la Ciudad de México, donde la policía sí sabe cómo proteger un estadio para que los reflectores internacionales no se empañen.
Al final, la educación sigue siendo el eterno dolor de cabeza de los Gobiernos que jugaron a ser aliados de la CNTE a cambio de votos. Morena les prometió la luna y la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007, y ahora que hay que pagar la factura política, sus antiguos aliados les reclaman el engaño.
A días de clausurar el ciclo escolar 2025-2026, los maestros vuelven victoriosos a las aulas y, por supuesto, sin que se les descuente un solo centavo de sus salarios por los días no trabajados. Uno se pregunta, sin ánimo de dar malas ideas: ¿por qué no trasladan su valiente lucha a las vacaciones de verano? Así defenderían sus derechos en su propio tiempo libre sin perjudicar a los alumnos. Ah, claro, olvidaba que las vacaciones son sagradas para descansar de tan “agotadora” huelga.
En conclusión, tanto en Palacio Nacional como en la CNTE han decidido “hacerse patos” —y no precisamente el tierno pato “Merlín”— con el desastre educativo. Entre discursos de transformación y misteriosos millones de pesos, a los que habrá que seguirle la huella, eso si es que presumen de transparencia, la pelota sigue brincando de un lado a otro. Al final, en este gran circo, la única pregunta que nadie en el poder se atreve a responder es: ¿Dónde quedó la bolita?

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