
08 de noviembre de 2025. El Presupuesto de Egresos de la Federación 2026, aprobado recientemente por la Cámara de Diputados, marca un nuevo récord histórico: 10.2 billones de pesos en gasto público. Sin embargo, más allá de las cifras, el debate nacional gira en torno a las prioridades y al rumbo que el gobierno federal pretende imprimir a la política económica y social del país.
Las reducciones en sectores estratégicos como seguridad, salud y agricultura contrastan con los incrementos asignados a rubros como energía, bienestar y defensa nacional, generando un legítimo cuestionamiento sobre el equilibrio entre inversión social, productividad y sostenibilidad.
De acuerdo con el documento aprobado, los recortes son significativos: 18.6% menos en seguridad pública, 4.4% en salud, 3.7% en agricultura y 9% en desarrollo agrario. Estas cifras cobran mayor relevancia cuando se observan los indicadores nacionales. México enfrenta una crisis de violencia que ha cobrado más de 250 mil vidas y ha dejado 130 mil personas desaparecidas en los últimos años. El campo, golpeado por la falta de apoyos y la eliminación de más de 15 programas agrícolas, continúa en una situación de rezago estructural. En el sistema de salud, la asignación de recursos se mantiene por debajo del 2.6% del PIB, lejos del 6% recomendado por la Organización Mundial de la Salud, mientras millones de mexicanos aún no tienen acceso a medicamentos ni atención médica básica.
La crítica de legisladores como Paulo Martínez López, del PAN, pone sobre la mesa un tema central: las prioridades del gasto no parecen responder a las necesidades más urgentes de la población. El legislador lamentó que, pese a contar con una recaudación histórica, se destinen menos recursos a los sectores que sostienen la vida cotidiana de las comunidades: el campo, la seguridad y la salud. Más allá de los posicionamientos partidistas, el debate revela una tensión de fondo entre la visión centralista del gasto y las demandas sociales y productivas de las regiones.
Pero más allá de las cifras, el verdadero reto para este gobierno que dirige la presidenta Claudia Sheinbaum, radica en la transparencia y rendición de cuentas. La sociedad mexicana exige conocer con precisión cómo se aplican los recursos públicos, cuánto cuestan las grandes obras y cuáles son los resultados concretos de cada peso invertido. Durante los últimos años, la opacidad en el manejo de los fondos y la falta de información clara sobre los costos de proyectos emblemáticos han debilitado la confianza ciudadana y la credibilidad institucional.
Hoy, la llegada de una nueva presidenta ofrece una oportunidad histórica para corregir ese rumbo. Ser transparente no solo implica abrir las cuentas públicas, sino también fortalecer los mecanismos de evaluación, auditoría y seguimiento de programas. La transparencia no debe verse como una concesión política, sino como un pilar indispensable de la democracia moderna.
El país necesita un presupuesto que no solo crezca en tamaño, sino en impacto social y legitimidad. La asignación de recursos debe reflejar una visión integral que combine desarrollo económico, justicia social y seguridad pública. En ese sentido, el llamado no es solo a asignar montos, sino a repensar prioridades y rendir cuentas con claridad.
México enfrenta desafíos profundos que no se resolverán con discursos ni con cifras récord. Se resolverán con decisiones responsables, con transparencia y con una auténtica orientación al bienestar de las personas. El Presupuesto 2026 es una oportunidad para demostrar que el poder público puede ejercer el gasto con eficiencia, ética y visión de futuro. La ciudadanía espera y merece que así sea.
“Hoy, más que nunca, la transparencia debe ser el sello de la nueva administración. México necesita saber no sólo cuánto se gasta, sino cómo y en qué se invierte para su futuro. Porque, como bien reza el dicho, “Cuentas claras, amistades largas”.

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