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REPORTAJE. Los matachines, tradición que llegó hace 100 años para quedarse

matachines

22 de marzo. Una de las tradiciones más antiguas en Huajuapan es el paseo de Los Matachines, cuyo origen se ubica a finales de la segunda década del siglo XX, en el marco de las festividades del Barrio de San José.

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Los matachines son figuras con cabezas de madera y armazones o “huacales” del mismo material, que permiten que una persona se introduzca en su interior para cargarlos y bailar por las calles durante las festividades populares.

Según una versión, los matachines eran una manifestación de celebración victoriosa de los cristianos sobre los árabes. Los primeros grupos o cuadrillas habrían surgido en Toledo, España, probablemente en el año 1571 y llegado a México con posterioridad a la conquista.

Existen varias versiones acerca de la llegada de los matachines a Huajuapan de León, aunque la más aceptada refiere que fueron traídos del Barrio de San Sebastián, de Tezoatlán de Segura y Luna, en el año 1919. El primer personaje en llegar fue el conocido como “El diablo mayor”.

Hortensia Flores Salanueva, vecina del Barrio de San José, mencionó que el señor Francisco Ortiz, de oficio panadero, viajaba por las diferentes poblaciones de la región, y al pasar por Tezoatlán de Segura y Luna observó la cabeza de algunos matachines, por lo que le solicitó al dueño que se las vendiera, y las trasladó a esta ciudad.

“Aquí cuando vinieron a Huajuapan, les hicieron su huacal, y la primera persona que vistió a los matachines fue la profesora Perpetua Salanueva, cuando se estrenaron los matachines, el mero 19 de marzo del 1919, cuando empezaba la fiesta de San José y desde entonces se quedaron aquí los matachines”, dijo.

Esta versión coincide en lo sustancial con un trabajo elaborado por la plasmada en un trabajo de la Unidad Regional de Culturas Populares, en el cual se menciona que los matachines fueron traídos de la Villa de Tezoatlán de Segura y Luna, probablemente en el año 1919, para ser utilizados en las festividades del barrio de San José. Inicialmente eran sólo máscaras decoradas, pero después se les fabricaron las armazones de madera.

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Coincide también con la versión del Cronista Emérito de Huajuapan, Josafat Herrera Sánchez, citada en el libro “Ni callada ni dormida. Historias de Huajuapan”, de Francisco Círigo. Herrera Sánchez, quien también es vecino del Barrio de San José, refiere que “los matachines nacieron en la época de la revolución, por lo que los primeros sones utilizados para su baile fueron precisamente las canciones de la época, como La adelita, La valentina, La cucaracha y El venadito. Menciona que la primera generación de matachines la integraban El diablo mayor adquirido por Francisco Ortiz Chávez; La muchacha por Miguel Mora; La negra por Francisco Castillo; El viejo por Trinidad Cisneros; La vieja por Gregorio Pérez y El catrín por Manuel Solano.

Hortensia Flores narra que a los matachines anteriormente se les denominaba “Los monos de San José”, y que los primeros fueron El Diablo, La Negra, El Muchacho, La Muchacha, El Viejito y la Viejita.

“La tradición era muy bonita, había carreras de guajolotes, de burros, de caballos; era lo del corral de toros, de eso se encargaban mis tíos, Felipe Villagómez y Francisco Estrada. Convocaban por las campanas porque ya iba a comenzar el paseo, nos escapábamos de la escuela por venir al paseo”, dijo.

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Según versiones de los vecinos, a los seis matachines originales se sumó el séptimo, elaborado por el carpintero Jesús Ortiz. Se trataba de un enanito vestido de catrín, que en su momento fue muy buscado por los jóvenes, y que pocos años después desapareció sin que nadie supiera la razón.

El Cronista Emérito refiere que el 18 de marzo de 1963 surgió una nueva generación de matachines: El mulato obsequiado por José Barragán; La mulata por Juan Montes; El nuevo diablo por Cristina Montes; La pareja de payasos por Concepción Herrera y Elvia Ortiz; y La japonesa por Gerardo Peral. Así también, La piel canela donada por Willehado Osorio; Cantinflas por Luis Villagómez; Mefistófeles por Baraquiel Ortiz; La rubia por las señoritas Pajares; Mauricio Garcés por Paz Villagómez: y Jorge Negrete, por el propio cronista.

El actual encargado de dar mantenimiento a los cuerpos de los matachines es el carpintero Carlos Martínez Gracida, quien explicó que construir el cuerpo de un matachín, lleva un tiempo de aproximadamente tres días, ya teniendo los moldes y medidas de los mismos, pero construirlo desde cero puede tardar hasta 15 días.

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“Se realiza el guacal depende el tamaño, porque a veces piden para un niño, para una gente grande, dependiente el tamaño que pidan, se miden los hombros y todo, una medida normal para una gente adulta es de 90 centímetros, y la parte de abajo es de 60 a 48 centímetros para que este cómodo y pueda bailar”, dijo.

Indicó que dicha actividad la realiza desde hace 30 años, siendo su padre, y abuelo quienes comenzaron con la misma, y resaltando que de la misma manera buscará que se conserve entre sus sobrinos, quienes comenzaron a realizar dichos trabajos en el presente año.

“El baile de Los Matachines de San José se basa en la improvisación, pues para cargarlos y ‘bailarlos” no se requiere ensayar… es más, ni siquiera saber bailar. Los participantes en el recorrido que se realiza por las principales calles de la ciudad son jóvenes espontáneos que caminan con las armazones a cuestas y se detienen en las esquinas para bailar al son de la música de la banda, como cada quien la siente”.

Este 19 de marzo los matachines de San José cumplieron 100 años de haber llegado a Huajuapan; y aunque todas las versiones conocidas coinciden en que no son originarios de esta ciudad, en el Barrio de San José adquirieron su carta de naturalización.

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En lo que también hay coincidencia es en que esta tradición centenaria, el paseo por las calles y el baile en las esquinas acompañado por la música de viento, deben seguir conservándose, a pesar de que en algunos casos se ha caído en excesos como el abuso del alcohol durante los recorridos.

Los matachines son un elemento de identidad no sólo para los vecinos del Barrio de San José, sino en general para los huajuapeños. Son parte insustituible de nuestras festividades, porque ya han sido adoptados por otros barrios, colonias y localidades de la región.

Aunque nacidos en otras tierras, a cien años de su llegada hoy por hoy los matachines ya son tan huajuapeños como el chileajo.

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