
27 de enero, Los mecanismos de participación ciudadana, tanto en Oaxaca como en el resto del país, siguen siendo incipientes. Dicho claro y sin rodeos: nuestra democracia participativa todavía está en pañales.
Y si de verdad queremos que la ciudadanía decida, estos instrumentos necesitan fortalecerse, no solo existir en el papel.
Se dice mucho que el pueblo pone y el pueblo quita. Pero para que eso sea cierto, la participación tiene que ser real, no simulada ni maquillada por partidos o funcionarios.
Lo que ocurrió el pasado domingo con la revocación de mandato del gobernador Salomón Jara Cruz dejó un dato difícil de ignorar: la participación fue muy baja en gran parte del estado.
Y ojo, no es un fenómeno exclusivo de Oaxaca. Ya lo vimos antes en la consulta para juzgar a expresidentes, en la revocación de mandato del expresidente Andrés Manuel López Obrador y, más recientemente, en la elección del Poder Judicial, donde la participación apenas rondó el 25 por ciento del padrón.
Estos ejercicios han generado polémica, sobre todo en redes sociales, donde se acusó la intervención de funcionarios públicos promoviendo una opción u otra. Sin embargo, esos señalamientos no se tradujeron en denuncias formales ni en sanciones de tribunales.
Ahora bien, más allá de las acusaciones, hay algo que sí debe revisarse con seriedad. En la jornada del 25 de enero en Oaxaca, el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana, o incluso el Congreso local, tendrán que analizar cómo se planteó el ejercicio.
La pregunta fue confusa. Mucha gente creyó que solo se votaba para revocar y no para ratificar el mandato, aunque esa opción sí aparecía en la boleta. Si se quiere fortalecer este mecanismo, la pregunta debe ser clara, directa y entendible para todos.
A esto hay que sumarle otro punto clave: la difusión.
Si la gente no entiende para qué sirve el ejercicio, cómo votar y qué consecuencias tiene, la participación seguirá siendo baja. Y aquí el objetivo no debería ser únicamente revocar o no a un gobernante, sino lograr que la ciudadanía se involucre y se apropie del proceso.
Este tema no es menor, porque los mecanismos de participación ciudadana cuestan dinero público. El presupuesto se calcula pensando en una participación amplia, idealmente cercana al 100 por ciento del padrón.
Con participaciones del 12, 20 o 25 por ciento, la pregunta es válida: ¿se justifica el gasto?
Por eso, lo que sigue es fortalecer, eficientar y difundir mejor estos ejercicios. Aprender de los errores y corregir el rumbo. La meta debería ser clara: superar el 50 por ciento de participación y, si se puede, ir más allá. Solo así estos mecanismos van a “cuajar” en beneficio de la sociedad.
Queda como tarea pendiente robustecer estos procesos con la participación de todos los involucrados. Porque la revocación de mandato, al menos en Oaxaca, sigue siendo un ejercicio que aún no termina de cocinarse.
Dicho en pocas palabras:
Este arroz… todavía no se cuece.

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