
20 de enero
Con el arranque de este 2026 llegan nuevos impuestos y, por lo tanto, más dinero para el gobierno. La pregunta es sencilla, pero incómoda:
¿a mayor captación de recursos, veremos mejores servicios para los mexicanos… o no?
Uno de los cambios más relevantes de este año tiene que ver con los seguros. Tras un largo pleito legal entre las aseguradoras y la Secretaría de Hacienda, se determinó que las compañías ya no podrán acreditar el IVA ante el SAT.
¿Y eso qué significa en palabras simples?
Que ahora el IVA lo va a pagar directamente el ciudadano, no la aseguradora.
En pocas palabras, a partir de este 2026 los seguros serán más caros. Y no hablamos de lujos, hablamos de seguros de vida, de gastos médicos, de automóvil… los pocos seguros a los que aún tienen acceso algunos mexicanos.
Esto quedó establecido en la Ley de Ingresos aprobada por el Congreso y publicada en el Diario Oficial de la Federación.
El impacto es claro: las pólizas podrían aumentar hasta un 20 por ciento o más. Antes, ese IVA se consideraba un gasto de la aseguradora. Hoy ya no. Ahora ese impuesto se le traslada al cliente, al ciudadano de a pie.
Si antes una póliza costaba 100 pesos, ahora costará al menos 116… o más. Así de simple.
Y aquí viene el fondo del problema. Muchos mexicanos contratan un seguro médico no por gusto, sino por necesidad. Porque el sistema de salud pública está rebasado, aunque desde Palacio Nacional se diga que estamos mejor que Dinamarca. La realidad en hospitales y clínicas cuenta otra historia.
Este nuevo golpe al bolsillo afectará directamente a familias que ya pagan más para tener atención médica digna, mientras el gobierno sigue sin garantizar un sistema de salud eficiente, con medicinas y con personal suficiente.
La polémica crece porque, mientras las pólizas suben, el SAT recauda más. Entonces la pregunta es obligada:
¿Ese dinero servirá para mejorar la salud pública, las carreteras, la seguridad, los servicios básicos?
¿O se seguirá yendo a programas sociales porque el gobierno no alcanza a cubrir sus propios gastos y la red de salud seguirá igual… o peor?
Habrá que esperar, pero no demasiado. Porque lo que hoy se decide impacta directo en la economía familiar. Ojalá estas medidas no sigan castigando a quienes buscan proteger su salud o su patrimonio.
Ojalá los nuevos impuestos sirvan para mejorar servicios, combatir la corrupción —esa que supuestamente murió en 2018, pero que sigue más viva que nunca— y no solo para presumir cifras desde Palacio Nacional mientras en la calle reina el desastre.
Porque con seguros más caros y servicios públicos deficientes, la pregunta final queda en el aire:
¿De qué se trata todo esto?
¿A mayor captación… realmente tendremos mejores servicios?

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