Editorial

Editorial: “La simulación tiene patas cortas”

30 de mayo. La elección judicial que se celebra este domingo en México es, en el mejor de los casos, una peligrosa simulación de democracia y, en el peor, un mecanismo cuidadosamente diseñado para debilitar la independencia judicial y someter al Poder Judicial a los intereses del gobierno federal. La narrativa oficial, promovida por el expresidente López Obrador y respaldada por la presidenta Claudia Sheinbaum, insiste en que esta reforma permitirá erradicar la corrupción y democratizar el sistema judicial. Sin embargo, los hechos muestran lo contrario: estamos ante un proceso manipulado desde el origen para favorecer únicamente a perfiles cercanos al oficialismo y con un preocupante historial de vínculos con el crimen organizado o de dudosa trayectoria ética y profesional.

Desde la lógica populista que criminaliza el debido proceso y que premia a los jueces que “no liberan”, se ha abierto un camino peligroso que profundiza la impunidad en lugar de combatirla. Como refieren algunos analistas la mayor parte de la impunidad no está en los tribunales, sino en las fiscalías, donde las investigaciones son ineficaces o deliberadamente omisas. Sin embargo, el gobierno insiste en responsabilizar al Poder Judicial y usarlo como chivo expiatorio para justificar una reforma que, en realidad, busca debilitar los controles sobre su propio poder.

El resultado es una elección viciada, con más de 7,000 candidatos registrados y requisitos mínimos para participar. Entre ellos se encuentran exconvictos, abogados de cárteles, exfuncionarios ligados a ejecuciones extrajudiciales y personas investigadas por delitos graves como abuso sexual o delincuencia organizada. ¿Qué garantías de justicia pueden ofrecer estos perfiles? ¿Qué tipo de sistema judicial se construye cuando la ciudadanía solo puede elegir entre lo malo y lo peor?

A esto se suma el uso de páginas como vota.sireson.com, recientemente sancionada por el INE, que promovían listas de “acordeones” personalizados, indicando explícitamente por quién votar. Esta propaganda disfrazada de orientación electoral evidencia el intento de manipular aún más el proceso para asegurar que los candidatos afines al partido en el poder lleguen a ocupar los cargos clave del Poder Judicial.

Esta elección está mal desde su origen. No hay auténtica participación ciudadana cuando las reglas están diseñadas para excluir a voces independientes y promover perfiles funcionales al gobierno. No hay justicia posible si el crimen organizado encuentra en las urnas una puerta de entrada directa al sistema judicial. Y no hay democracia verdadera si el voto es solo una fachada para legitimar decisiones tomadas desde el poder.

México merece un Poder Judicial verdaderamente independiente, con jueces y juezas comprometidos con la legalidad, los derechos humanos y el Estado de derecho. La reforma actual, lejos de acercarnos a ese ideal, nos aleja peligrosamente de él. La ciudadanía debe estar alerta: lo que se decide este domingo no es la democratización de la justicia, sino su posible sometimiento.

Esperemos que esta elección judicial mal diseñada y al parecer manipulada desde el origen no termine siendo una simulación, porque hay que recordar que el engaño no puede durar mucho tiempo, y eventualmente la verdad se revelará.

Hay que recordar que “La simulación tiene patas cortas”.

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