
13 de febrero de 2026. México vuelve a enfrentar un brote de sarampión… después de casi 30 años sin transmisión interna. Lo que durante décadas fue un orgullo del sistema de salud, hoy está nuevamente en riesgo.
El gobierno federal ha señalado que el brote se originó por casos importados desde Estados Unidos. Y sí… puede ser. Pero más allá de eso, hay que ver qué está pasando dentro del país.
Hoy se insiste en que la mejor defensa es la vacunación. La presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario de Salud David Kershenobich han dicho que hay más de 27 millones de dosis disponibles y que quienes tienen su esquema completo están protegidos.
El problema… es que millones no lo tienen.
Entre 2020 y 2022 se ampliaron las brechas de vacunación. Para darnos una idea: en menores de un año, la cobertura del esquema básico cayó de 78% en 2006… a apenas 31% en 2021.
En niños de dos años, pasó de 85%… a 36%.
¿Por qué?
Se suspendieron campañas nacionales de vacunación, se relajaron requisitos ligados a la Cartilla Nacional de Vacunación y hubo fallas de coordinación institucional.
Pero hay otro dato todavía más grave: entre 2022 y 2025 se aprobaron casi 63 mil millones de pesos para vacunación… y más de 44 mil millones no se usaron.
Es decir: siete de cada diez pesos destinados a proteger a la población… se quedaron guardados.
Mientras tanto, el país ya enfrenta casi 10 mil casos de sarampión.
Y ojo: esta es una de las enfermedades más contagiosas que existen.
Una persona puede contagiar hasta a 18 más.
Uno de cada 100 casos puede ser mortal… o dejar secuelas como pérdida de la vista o del oído.
Hoy, solo seis de cada diez niñas y niños tienen su esquema completo. Millones están en riesgo.
Y todo esto ocurre justo antes de eventos internacionales masivos como la Copa Mundial de la FIFA 2026, que aumentarán la movilidad de personas dentro y fuera del país. Esto no es política.
Es salud pública.
Porque las enfermedades prevenibles no desaparecen por decreto.
Requieren prevención, coordinación… y vacunas.
Hoy la prioridad debe ser cerrar esas brechas y garantizar que ningún niño se quede sin protección.
Porque al final… lo barato sale caro.
No vacunar… cuesta vidas.

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