
05 de agosto. Las instituciones conformadas en el pasado a base de la lucha social, movilizaciones, protestas y debate en la Cámara de Diputados y Senadores impulsadas por la izquierda mexicana durante la época del llamado “neoliberalismo”, las cuáles se concretaron con el objetivo de evitar el abuso del poder por los gobiernos “prianistas”, resulta que de poco o nada sirvió el esfuerzo realizado, ya que de manera incongruente quienes impulsaron su creación ahora son los encargados de desaparecerlos o enterrarlos en el olvido.
Las reformas impulsadas por quienes eran los gobernados y hoy son gobierno parece ser que ahora les incomodan, por ello a través de diversas argucias como utilizando la frase de “austeridad republicana”, y el argumento de evitar la llegada de políticos “vividores” del erario público que logran el diputaciones sin hacer campaña frente al pueblo, tratan de desaparecer a los diputados plurinominales, que sí bien por una parte generan gastos, por otra parte, su asignación es para generar contrapesos en el poder legislativo.
Las aplanadoras que se tenían en el pasado tras las elecciones donde se decía tenemos carro completo, generó que a través de las reformas electorales se asignarán a las minorías representación en el poder legislativo justo para que desde ahí enviarán a sus mejores hombres y mujeres para enfrentar al poder y evitar el abuso presidencial o partidista.
La esperanza de fortalecer la democracia parece que duró muy poco, ya que con la reforma electoral que se impulsa actualmente desde el ejecutivo, parece ser que tiene como objetivo acabar de desmantelar al Instituto Nacional Electoral (INE), cuya creación se generó tras el fraude de 1988 cuando se le arrebató el triunfo a Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano ya que en ese momento era la Secretaría de Gobernación (Segob), es decir, el propio gobierno el control de las elecciones.
Lo ocurrido en 1988 y la salida de diversos priistas quienes formaron al Partido de la Revolución Democrácita (PRD), generó que la izquierda democrática impulsará la creación del Instituto Federal Electoral (IFE), para terminar con los fraudes y lograr empoderar a la ciudadanía, lo que se logró poco a poco a lo largo de los años, pero hoy esto ya no sirve a los intereses del poder en turno y pareciera que el sol azteca que iluminaba las mentes de aquella oposición, hoy lastima y se trata a toda costa de enterrar ya que el pueblo bueno y sabio debe conformarse con programas asistencialistas producto de los impuestos de los mexicanos aún a costa de que se eliminen los contrapesos en el poder.
Esperemos que la consulta a la ciudadanía sea libre y no como en las votaciones del poder judicial inducida por acordeones o lo que diga mi “dedito”, no se trata de simular un ejercicio democrtico para acabar con la democracia.
Se corre el riesgo que con la disminución o eliminación de las prerrogativas a los partidos políticos, se tenga la injerencia de la delincuencia organizada para subsidiar candidaturas afines a ellos, no hay que ir tan lejos, basta retroceder al primero de junio de este año en la elección del Poder Judicial, donde a pesar de las observaciones realizadas por la ciudadanía, organizaciones no gubernamentales y los propios partidos a quienes se les vinculaba con la delincuencia, solo quedó en eso en señalamientos y sin estudiar los casos y mucho menos generar un dictamen para conocoer la realidad de quien o quienes aspiran a puestos de elección popular.
Hoy se requiere que la reforma electoral empodere a los ciudadanos y claro quite poder y recursos a los partidos políticos, pero estas decisiones deben generar acciones que garanticen la democracia del país y no el fortalecimiento de grupúsculos que controlen a México.
Esperemos estar equivocados y que la democracia no se termine, por el contrario que se empodere aún más en la ciudadanía, ya que no debemos por ninguna razón exclamar: “y la democracia apá”.

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