
La historia, que tan voluminosamente se ha ido acumulado a través de los siglos, nos ha dejado, como uno de sus legados, el aprendizaje para tratar de evitar los errores perpetrados en el pasado (voluntaria o involuntariamente). Hablamos de miles de años donde se han realizado actos heroicos, otros malvados, hazañas, encuentros, avances científicos, investigaciones, modelos económicos, abundancia de conocimientos, se inventaron las religiones, se expandió la cultura, la cual es vastísima, hubo actos deleznables, asesinatos en masa, el holocausto, eventos apocalípticos y gran parte de todo lo comentado ha quedado grabado en las páginas de millones de libros.

Obviamente una gran parte de la historia antigua, solo se transmitía de persona a persona, de sociedad a sociedad, sin nada por escrito o registros muy pobres en arcilla, madera, o en abundancia en los papiros, pero su vulnerabilidad fue el gran reto. Si solo nos abocamos a contar la Historia desde que Johannes Gutenberg, nacido en Mainz Alemania en 1400, quien fue el hombre que cambio el mundo, cuando en 1450 invento la imprenta, una creación maravillosa que propicio la difusión de la cultura de toda índole a nivel global, tendríamos suficiente material para aprender del pasado y evitar la repetición de eventos tan dolorosos que tanto daño infringieron a la humanidad. Este fenómeno de la imprenta propició dos grandes temas; Uno: Todo quedo registrado para crecer, mejorar y sobre todo para no olvidar y segundo, para no tener pretextos y mencionar que no conocíamos aquellos temas, experiencias, asuntos, decisiones, que nos llevaron a cometer graves errores, y sabíamos que estaban imbuidos de maldad y profundos actos no éticos, porque los resultados fueron muy malos, con enorme sufrimiento, desolación, pobreza, guerras, destrucción y daños económicos invaluables.

Entre los avances que la Historia nos va narrando, y basado en hechos concretos y demostrables, podemos observar claramente que han existido modelos político/económicos que se han ido adoptado en cada país del orbe a través de los años. Uno debe de suponer que quienes inventaron estas políticas, cualquiera que sea su nombre y objetivos, fueron diseñadas pensando en que las personas de esa sociedad fueran más prosperas, se erradicara la pobreza, existiera mayor igualdad entre sus ciudadanos, alcanzaran la realización personal y hasta soñaron en trascender en este mundo al dejar un legado sensacional y el modelo que mejores resultados ha tenido, sin que se acerque a la perfección, es la democracia participativa y las políticas de libre mercado.
Pero resulta que uno de los sistemas políticos adoptados posteriormente a la Primera Guerra Mundial, fue el Socialismo o una de sus vertientes: el comunismo, movimiento político y económico que surgió desde el Siglo XIX donde se propone la propiedad común, la inexistencia de las clases sociales, derivando estas corrientes hacia el Marxismo, el anarquismo, las dictaduras socialistas, etc. Evidentemente que no vamos ahondar en estos modelos, lo único que quiero dejar asentado es el fracaso estrepitoso de estas propuestas socialistas, que tienen como característica principal, el control del estado de la economía y hasta de la vida personal de sus ciudadanos; que instalaron la pobreza, la igualad nunca se estableció y solamente los líderes de estas propuestas, ya situados en el poder político se volvieron poderosos, y millonarios, disfrutando de la libertad total, misma que les arrebataron a sus pueblos engañados.
Pero qué necesidad teníamos de repetir estos sistemas fracasados que han demostrado a través de la historia su ineficacia. Claro que estos temas son impulsados por quienes añoran el poder y perpetuarse en él, con el pretexto de los pobres y la distribución de la riqueza en forma equitativa. Primer error: estos regímenes socialistas no generan riqueza, generan deudas y más pobreza, son improductivos. No hay un solo país socialista que sea próspero, florecientes son sus dirigentes que se perpetúan en el poder y se vuelven millonarios.
Los ejemplos son vastísimos: Vamos a revisar experiencias claras y contundentes: la revolución rusa y la llegada de infames tiranos como Lenin y Stalin con sus millones de muertos. Cuba y la instalación del imperio de los Castro que ha provocado una miseria inmensa en la isla
y la solución sofista es echarle la culpa a los Estados Unidos. Venezuela y la perpetuidad de sus innombrables cabecillas; Chávez y Maduro; Nicaragua y la revolución Sandinista que acabo en la tiranía de los Ortega., Rumania que tuvo que soportar a un dictador por 20 años: Nicolau Ceauscescu. La dictadura en España que tuvo que sufrir una tiranía de 38 años con Francisco Franco (1937-1975). Bielorrusia con su dictador desde 1994: Aleksandr Lukashenco (gran amigo y aliado de Vladimir Putin, por cierto, presidente a perpetuidad de Rusia desde hace más de 20 años). La infame dictadura y Estado Totalitario en Corea del Norte (prácticamente una sociedad de esclavos) de Kim Jong Un desde hace 11 años, pero antes su padre y su abuelo estuvieron en el poder desde la finalización de la guerra de Corea en 1953 hasta la fecha con el nieto.

Nos señala Wikipedia, que “…aunque no existe una cifra única y absoluta, pero según los informes anuales de Freedom House, cerca de la mitad de los 54 países del continente africano están clasificados como regímenes autoritarios o “no libres”. Esto equivale a unas 20 a 22 dictaduras…”. Obviamente, de ahí la pobreza y las hambrunas en ese continente. Y concluyo señalando: Pero qué necesidad de copiar un modelo que ha sido un fracaso histórico, repetirlo hasta la saciedad, cuando se sabe que los resultados van a ser pésimos, con gran pobreza y desolación. La causa es la decisión de líderes perversos, que a sabiendas de que eso va ocurrir, lo implantan o lo promueven y convencen emocionalmente a muchas personas, porque saben que ellos y sus hijos serán millonarios, no importando el sufrimiento de los otros, que son la mayoría: los engañados.



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