
02 de junio. La concentración convocada por la presidenta Claudia Sheinbaum para celebrar el segundo aniversario de su triunfo electoral dejó varias imágenes y muchos mensajes. Por un lado, quedó claro que mantiene el respaldo de su movimiento. Pero por otro, también dejó una fotografía que ha dado mucho de qué hablar: la presencia de integrantes del Poder Judicial en un acto político, algo que para muchos confirma que aquellos tiempos en los que se exigía una estricta división de poderes parecen haber quedado atrás.
Y es que la política suele tener muy buena memoria… cuando conviene. Durante años, quienes hoy gobiernan criticaron la cercanía entre el poder político y las instituciones. Hoy, desde el otro lado del escritorio, las cosas parecen verse de manera diferente.
En su discurso, la presidenta habló de defender la soberanía nacional y rechazar cualquier injerencia extranjera. Un llamado con el que seguramente coincide la gran mayoría de los mexicanos. El problema surge cuando el argumento parece aplicarse dependiendo de quién esté en el banquillo de los acusados.
Hace no mucho tiempo, las investigaciones y sentencias de la justicia estadounidense eran puestas como ejemplo, particularmente en el caso de Genaro García Luna. Sin embargo, cuando los señalamientos alcanzan a personajes cercanos al oficialismo, el tono cambia, las explicaciones cambian y los discursos también.
Mientras tanto, el problema de fondo sigue ahí. La inseguridad continúa golpeando al país y la sospecha de vínculos entre grupos criminales y actores políticos no es algo nuevo. Ha perseguido a gobiernos del PRI, del PAN y ahora también a Morena. Nadie puede presumir tener las manos completamente limpias en este tema.
Por eso la pregunta es sencilla: ¿la ley será igual para todos o dependerá de quién sea el acusado? Porque cuando se trata de adversarios políticos, las investigaciones avanzan a toda velocidad; pero cuando los señalados son amigos, compañeros de partido o aliados, entonces aparecen las dudas, las explicaciones y hasta los llamados a la prudencia.
Los mexicanos ya estamos cansados de ver cómo unos y otros se lanzan acusaciones mientras los problemas reales siguen esperando solución. Lo que la ciudadanía quiere no son discursos, sino resultados. No quiere ajustes de cuentas entre partidos, sino cuentas claras para todos.
La soberanía nacional debe defenderse, por supuesto. Pero también debe defenderse el Estado de Derecho. Porque una cosa es proteger al país y otra muy distinta proteger a los cuates.
Y si de verdad se quiere combatir la impunidad, el mensaje debe ser muy claro: ni garrote para los adversarios, ni mano amiga para los amigos. La ley, simplemente, debe ser la misma para todos.
“Porque cuando la justicia cambia de vara según el color de la camiseta, deja de ser justicia y se convierte en un simple ajuste de los cuates.”

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