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Editorial: “Entre amigos, la justicia se guarda en el cajón”

10 de enero de 2026. El nombramiento de Alejandro Gertz Manero como embajador de México en el Reino Unido no sólo abre un debate sobre la idoneidad del perfil, sino que vuelve a exhibir una constante en la llamada Cuarta Transformación: la tendencia a premiar a los personajes cercanos al régimen, aun cuando su desempeño haya sido cuestionado o, de plano, insuficiente.

Durante su gestión al frente de la Fiscalía General de la República, Gertz Manero fue señalado reiteradamente por la falta de resultados contundentes. Los grandes casos de corrupción del pasado reciente no derivaron en detenciones relevantes ni en sentencias ejemplares. La impunidad siguió siendo una constante y la percepción ciudadana fue la de una Fiscalía más preocupada por los conflictos políticos y personales que por ejercer la acción penal con firmeza. A ello se sumaron señalamientos por el uso discrecional del poder, procesos judiciales polémicos y una clara ausencia de golpes de peso contra el crimen organizado o redes de corrupción de alto nivel.

Pese a ello, lejos de una evaluación crítica de su desempeño, el exfiscal recibe ahora un cargo diplomático estratégico. Para la oposición, como lo expresó el PAN, este movimiento luce más como un pago político que como una decisión basada en méritos diplomáticos. El mensaje es preocupante: en la 4T, la lealtad parece pesar más que los resultados.

Este no es un caso aislado. A lo largo del sexenio pasado y lo que va del actual, se han acumulado ejemplos de personajes cercanos al proyecto oficialista que, pese a escándalos o desempeños cuestionables, no sólo no fueron sancionados, sino que fueron protegidos o reubicados. Ahí está el caso de Manuel Bartlett, sostenido al frente de la CFE pese a múltiples señalamientos; el respaldo político permanente a figuras como Félix Salgado Macedonio, a pesar de las acusaciones en su contra; o el blindaje a gobernadores y exfuncionarios de Morena involucrados en polémicas de corrupción o abuso de poder. La narrativa del “no somos iguales” se ha ido diluyendo frente a una práctica que recuerda a los viejos vicios que el propio movimiento prometió erradicar.

La crítica de organizaciones civiles, como Marea Verde México, refleja un malestar social más amplio: la percepción de que el poder sigue siendo un mecanismo de protección y recompensa para los cercanos al régimen. El traslado de Gertz Manero a una embajada clave, con fuero y reflectores internacionales, refuerza esa idea.

La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta así una prueba temprana de congruencia. Si su gobierno aspira a marcar distancia y consolidar una nueva etapa de la 4T, deberá demostrar que el acceso a cargos públicos no depende de afinidades políticas, sino de resultados, ética y capacidad. De lo contrario, decisiones como esta sólo profundizarán la desconfianza ciudadana y confirmarán que, más allá del discurso de transformación, el poder en México sigue premiando a los suyos. pareciera que: El poder absuelve a los cercanos y entre amigos, la justicia se guarda en el cajón.

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