03 de mayo. Hallada en el interior de una cueva inaccesible ubicada a la orilla del río Mixteco, durante más de tres siglos y medio la Santa Cruz de Santo Domingo Tonalá ha sido depositaria de la devoción de los habitantes de esa localidad y de diversas población de la región.
La historia de la cruz de madera de color café, probablemente de ocote, de una sola pieza y de más de dos metros de altura, oscila entre la tradición y la leyenda, y la plasma el profesor de música Ramón Ríos Solano en su libro “Mi Tonalá. Páginas de una historia”.
De acuerdo con su relato, basado en documentos, crónicas y testimonios, en el año 1655 los vecinos de Santa María Tindú, localidad que entonces pertenecía a Tonalá, acudieron ante las autoridades civiles y eclesiásticas de la cabecera para informarles que durante las fiestas de la Santa Cruz se escuchaban al alba música, repiques y cantos, al parecer procedentes de una cueva totalmente inaccesible ubicada en una barranca profunda, en un despoblado cercano a esa localidad.
El gobernador de Tonalá ordenó que un reo que estaba condenado a muerte bajara a la cueva para investigar el origen del extraño suceso, ofreciéndole a cambio que si salía bien librado le perdonaría la vida.
Ante la mirada de las autoridades y un gran número de vecinos que se congregó en el lugar, el reo descendió con una cuerda atada a su cuerpo, y después de un rato salió cargando una cruz de madera.
Poco después de su hazaña el reo enfermó de gravedad y finalmente murió, pero poco antes de morir declaró que en la cueva había encontrado tendido en el suelo el cuerpo de un hombre venerable, de barba muy larga y cana, calvo y con los ojos cerrados, que tenía bajo su cabeza unos libros y a un lado un sombrero de palma y un bastón con punta de hierro conocido como bordón.
Agregó que la cruz estaba en un altar natural que se encontraba en el interior de la cueva, y que en el fondo que le servía de respaldo había un pabellón dibujado a punta de martillo sobre una roca gris y roja. Dijo que no había contado esto al salir de la cueva, por miedo a que lo obligaran a descender nuevamente.
La tradición refiere que todo el pueblo lloró la muerte del reo, y que su cuerpo fue sepultado en el templo conventual de Tonalá.
El hallazgo de la cruz provocó una disputa entre los pueblos de Tlacotepec Nieves, San Mateo, San Francisco, San Agustín, Tepejillo y Tonalá, por lo que se decidió traer un asno de un lugar lejano, poner sobre su lomo la cruz y dejar que siguiera libremente su camino.
El animal se dirigió a Tonalá, por lo cual la cruz quedó en ese pueblo, bajo la custodia de los padres dominicos, quienes la resguardaron en el oratorio general de la comunidad.
En 1711 un terremoto destruyó el templo y el convento de Tonalá, pero la Santa Cruz fue rescatada y años después colocada en el nuevo templo parroquial. Actualmente se conserva en un nicho cubierto con cristales, en un retablo especial al lado norte del templo y abajo del presbiterio.
La gente le atribuye numerosos milagros, y refiere que en las fiestas de la Santa Cruz llega gente de Santa María Tindú y de Santos Reyes Tepejillo a prender veladoras a la orilla del río, debajo de la cueva donde fue encontrada.
-Francisco Círigo
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