Alicia Sandoval
05 de junio.La Universidad Tecnológica de la Mixteca (UTM) se convirtió en el ombligo del mundo y de ahí salió el “Espiral” que conquistó los sentidos del auditorio abarrotado, porque los paisajes, la música, la gastronomía, las tradiciones, la lengua mixteca y sobre todo la migración se vivieron a través de imágenes de 24 por segundo que conectaron a los asistentes con su historia de vida.
Porque tipos de migración hay muchos, no sólo al dejar el terruño, sino al cambiar de ideas, al pasar del tiempo: Todos somos “Espiral”.
El estreno en Oaxaca de la opera prima del cineasta huajuapeño Jorge Pérez Solano egresado del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM, había sido esperada –su grabación fue en 2007 en la agencia de San Pedro Yodoyuxi de Huajuapan de León- y llegó a la pantalla grande como parte del programa de la Novena Semana de la Cultura Mixteca éste jueves.
Las historias se entrelazan y las vidas de Diamantina y Santiago, Araceli y Macario están marcadas por lo que desde hace muchos años, incluso por costumbre, define el destino de los mixtecos: irse para el otro lado en busca de una vida mejor, aunque la realidad sea cruda, como poco a poco a través de un discurso cinematográfico limpio, con ritmo, excelente fotografía y música –del grupo musical Pasatono dirigido por Rubén Luengas- se cuenta en la hora y media que dura el filme que costó 10 millones de pesos y que fue producido por el Instituto Mexicano de Cinematografía.
Cientos de rostros –incluso protagonistas, los habitantes de Yodoyuxi- atentos a la historia de un pueblo que se quedó sin mujeres, San Juan Zila donde la Navidad tiene como número central e incluso una representación de La pasión de Cristo con una mujer como protagonista, porque eso es lo que deja el autoexilio, mujeres solas que deben salir adelante y lo hacen rodeadas de machismo, pero también de reminiscencias: la tradicional matanza de Santa María Xochixtlapilco, el atolillo de conejo, el mole de guajolote, las bandas de viento, los juegos pirotécnicos, el tradicional torito, el café de olla, la fiesta patronal.
Un homenaje a la tierra que vio nacer al realizador, pero también al cine mexicano de los años 50.
Al verse reflejada, Angélica María Granados Mendoza de 35 años de edad con una familia rota por la migración y quien participó en la película como extra no puede contener las lágrimas, nos cuenta:
“Mucha tristeza porque lo que pasa en le película es real, no nada más en San Pedro, sino en muchos pueblos, el esposo se va deja a los hijos, y nosotras tenemos que salir adelante…Me da mucho gusto que el escritor haya regresado, me da mucho gusto no sé explicarlo…Me hace llorar 14 cuando se van para Estados Unidos recuerdo el llanto de mis padres, el mío y pasa un año y otro y no sabemos cuando van a venir”.
La gente aplaude de pie y el cineasta agradece al auditorio, todos se van con un pedazo de la Mixteca clavado en el corazón en la espera de que las cosas cambien, pero también de que más lugares conozcan la historia del cineasta mixteco que vive en su propio “Espiral”, lejos de su hogar, su ombligo, porque el también es migrante.

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