Alicia Sandoval
19 de febrero. Un anciano reposa en una silla mecedora en la oscuridad y al preguntarle por Lupita, estira su mano señalando un pasillo estrecho, hacia donde están varios cuartos desquebrajados por la pobreza y por el tiempo, el olor a drenaje es nauseabundo, pero deseas encontrar a esa niña de 10 años, la que ha vivido en el olvido, desde su nacimiento, cuando la ignorancia y la falta de recursos la postraron a un mundo de sueños sin eco.
Ahí está, sentada en medio de un grupito de tres niñas, sus vecinitas, están platicando, sólo que a diferencia de una escena común en alguna primaria ó parque, Lupita está sentada en el suelo, con sus piernitas hechas nudo, su cabeza más grande de lo normal parece una pesada carga sobre sus hombros delgados, su cabello lacio y negro y sus pequeños ojos vivarachos la hacen ver aún más vulnerable.
Los extraños que han llegado a verla, la cohíben…¿Qué haces, estás comiendo? Pregunta la presidenta municipal a Lupita, que delante de ella tiene un plato de caldo rojo con tortillitas calientes, la niña junta sus manos y la ve con sorpresa, pero está muda.
La que si habla es su abuela, ella narra su tragedia, y sin mucho esfuerzo, la necesidad de esa casita en la calle 21 de marzo de la colonia Altavista de Juárez salta a la vista. 10 años han pasado desde que nació, cuando le diagnosticaron hidrocefalia –agua en el cerebro- enfermedad que afecta a 1 de cada 500 niños.
La presidenta municipal pregunta si la niña va a la escuela, la abuela le dice que por unos días Lupita recibió instrucción a domicilio, la edil pregunta que si la niña es inteligente, la abuela le dice: ¡Uy bien inteligente, habla “retebien”, se ríe y hasta luego anda “peliando” con las otras!
Su tía Gloria Hernández Hernández, postrada a una silla por la polio y quien hace tortillas para sobrevivir dice que su mamá trabaja en la cafetería de la UTM y que su padre la abandonó cuando se enteró de la condición de Lupita, se fue a Estados Unidos.
“Mi hermana nada más se la pasaba en puro llorar, su papá se fue para Estados Unidos, la edad que ella tiene, es la que no ha estado su papá, supo que estaba enferma y ahora ya se casó el allá”.
Nacida en el hospital Pilar Sánchez Villavicencio, la llevaron a Puebla para que fuera revisada por algunos médicos, ahí les dijeron que una operación para sacarle el agüita del cerebro ayudaría, pero que era cara, dolorosa, y con riesgo. Su mami prefirió, según narra Gloria ver comer y beber a Lupita aunque fuera inmóvil, enferma.
La presidenta municipal sigue indagando, trata de hacer hablar a Lupita pero no, ella sólo mira: ¡Yo me llamo Martha! ¿y tu? …El equipo de la presidenta municipal lleva una silla de ruedas nueva. Lupita podrá salir, ella no quiere clases particulares, ella quiere ir a la escuela como todos, se imagina como será la vida escolar, más o menos lo sabe, pues todos los días sale al patio de su cuarto para escuchar el murmullo del recreo de la primaria que está a dos casas de la suya.
Fidel Mayren, delegado de gobierno, quien forma parte de la comitiva, por quien la presidenta municipal visitó la casa, promete a la familia que recibirán de las Unidades Móviles para el Desarrollo una despensa mensual.
La presidenta asegura que también llevarán Piso Firme y una estufa Lorena para Gloria, les dice que tengan listos sus papeles para el trámite y que enviará a personas del DIF para que valoren la condición de Lupita. Lo que la presidenta ignora es que esa ya es historia vieja,
“Han venido también los del DIF, pero no, no le han traído nada, vinieron como el mes de octubre, ¿de este año?, si del que pasamos, pero no le trajeron nada, dijeron que nos iban a traer una despensa mensual y nada, que le iban a traer pañales y tampoco. Sí nos dicen que la van a apoyar pero no, no le traen nada. Solamente hasta ahora, fuimos a la presidencia pero no”.
La esperanza muere al último. Mientras tanto Lupita ya tiene su silla.
“Pues muy agradecidos que se acordaron de nosotros, porque pues así siempre han venido y nunca nos traen nada…ahorita si nos cayó de sorpresa porque éstos nos vinieron a visitar y rápido le trajeron su sillita…Ojalá y ella si nos cumpla lo que nos dijo”.
La presidenta se despide. La abuela ordena a la niña, ¡dale un beso mi ‘jita! ella accede con gusto, ya está a la altura de sus amiguitas, tal vez ahora ya no comera en el suelo, tal vez haya un futuro…

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