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La calenda del barrio de San Isidro

Baudelio Luna

16 de mayo. Los preparativos iniciaban con música de banda y el recorrido del toro aún no comenzaba, invitaban a la población a través del alta voz a participar en la celebración del santo patrono San Isidro Labrador que desde su humanidad hecha de papel y engrudo, enmarcado con flores maché, miraba su fiesta orgulloso, como sólo lo puede estar un santo que protege la fuerza del campo.

Una multitud de personas de todas las edades iban y venían con trajes multicolores que anunciaban la pronta salida de una calenda que sería distinta a las efectuadas en años pasados.

Con una novedosa delegación de muchachos entusiastas que con capisayos cubriendo sus espaladas, pantalones, sombreros hechos de palma y un paliacate rojo cubriendo su rostro bailaban en compañía de un chivo blanco que representa la alegría de los días de Matanza, la cultura de Huajuapan materializada en gastronomía. Acompañaba la comparsa la banda de San Lucas, Zaachila.

Las flores que estaban recargadas en las paredes del parque contiguo al jardín de niños Gabriela Mistral brillaban, 18 jarrones en total construidos con las estructuras de los coheteros de Santa María Xochixtlapilco.

Había personas con libélulas y mariposas gigantes entre las manos, emocionados por recorrer las principales calles de Huajuapan como Venustiano Carranza, 2 de abril, Guerrero, 16 de septiembre, Cuauhtémoc, Valerio Trujano, Vázquez, Gante, Constitución y Zaragoza.

Al fondo de la calle Zaragoza figuraba una lona bicolor sostenida por unos tubos y en el umbral las mojigangas de Tamazulapan, los Diablos de Juxtlahuaca y de la Divina Providencia.

Más adelante las bandas José López Alavés, la banda de Saucitlán de Morelos, los Tecuanes de Acatlán, Los Matachines.

Era un caos entre negros de Silacayoapan que portaban mascaras adornadas con pipas, cubiertos por pasamontañas blancos que escondían sus facciones y llevaban las chibarras forradas con piel de chivo, un sombrero de charro, gabán y botas con espuelas, pero un olvido, según los propios danzantes hizo incompleto el atuendo pues no portaban el jarnil, la bolsa de cuero y el moño en el cuello, pero bailaban con algarabía.

Se entremezclaban los Viejos de los Tiliches con sombrero de palma, traje hecho de pedazos de tela vieja y una mascara de estropajo con bigotes elaborados de fibra de maguey, de la cual colgaba una nariz roja.

Colores y chilenas, mientras los carros alegóricos obstaculizaban el transito en Venustiano Carranza, impresionaban a los mirones que se acercaban a recoger los dulces que en toda buena calenda no deben faltar.

Los Diablos de La Providencia apresuraban el paso y buscaban el lugar que los organizadores les tendrían asignado en la calenda. Lucían sus alhajas de fantasía, guantes y preparaban el chicote.

Por su parte, las mojigangas de Tamazulapan trasmitían mofa a través de personajes como el catrín, la muerte, las brujas y un chico a la moda Emo, sólo para dejar de manifiesto que en el rescate del carnaval todo se vale.

Una vez listos inició el recorrido, al frente una camioneta gris que difundía con un altavoz la cita para el 15, 16 y 17 de mayo la fiesta en el barrio de San Isidro Oriente.

La Prepa Tres amenizaba el trayecto con música y atrás de ellos la danza de los Tecuanes de Acatlán, quienes representaban a Chichimecas y Zapotecas con el baile de la casería del tigre que danzaba de teatral a enigmático convenciendo a las mujercitas a bailar para olvidar las penitas

Las patroncitas de la fiesta con su carro alegórico, al frente la reina de San Isidro Oriente Itzinjanny Herrera López. Luego las madrinas de fiesta, los niños del jardín Gabriela Mistral y al final el toro de cuatro metros de largo sostenido por veinte personas bañadas en sudor y custodiado por un par de jinetes a caballo.

Alguien participaba en la calenda, estaba callado, estaba cantando un poema bajito que a la letra decía, “creo que, ultimadamente,
debiera ser propietario quien fecunda el suelo agrario con el sudor de su frente.
Así espera nuestra gente y así mesmo espero yo, San Isidro Labrador.

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