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EDITORIAL. ¿Discriminación o derecho de las mujeres?

15 de septiembre. El incidente registrado esta semana en la Cineteca Nacional, donde algunas mujeres solicitaron a las policías encargadas de la vigilancia del lugar que no permitiera el ingreso de una persona transgénero al baño de mujeres, ha generado una intensa polémica sobre si se trató de un acto de discriminación y transfobia, o de defensa del derecho a la intimidad.

En esta polémica se han vuelto involucradas personalidades como la senadora panista Lily Téllez y la periodista Adela Micha, quienes han sostenido posturas opuestas: mientras la primera publicó en la red social X “Los baños de mujeres, son de mujeres”, la segunda consideró que se trató de un acto discriminatorio y que el mensaje de la legisladora es “una opinión instalada en el odio”.      

La polémica no es nueva, y toca dos aspectos fundamentales: por una parte, el derecho a la identidad de género, y por la otra el de las personas trans a compartir espacios destinados a las mujeres. En el caso que nos ocupa, la discusión se centra en el segundo.

El derecho a la identidad de género es –o al menos debe ser– incuestionable pues se ubica en el ámbito del ejercicio de las libertades individuales. Una persona puede asumirse como hombre, como mujer, como no binaria con todas sus variantes, o con cualquier otro de los géneros posibles, independientemente del que se le haya asignado al nacer. Así también, puede abrazar cualquier preferencia sexual y ejercer su sexualidad de la manera que mejor le satisfaga. Este tema no debería estar siquiera a discusión.

En lo que no todos están de acuerdo es que una persona que se autoadscribe a un género diferente al que le fue asignado de acuerdo con sus características físicas, reclame derechos y comparta espacios íntimos de las mujeres.

En el caso de “Laura”, la trans que pretendía ingresar al baño de mujeres en la Cineteca Nacional, se trata de una persona cuyas características anatómicas son las de un varón, e incluso conserva los órganos sexuales masculinos, pero se asume como mujer y viste como tal. La negativa a usar el baño de las mujeres fue considerada por ella y por muchas personas –incluyendo a los responsables de la Cineteca–como un acto discriminatorio y, por lo tanto, violatorio de sus derechos humanos.  

Sin embargo, quienes solicitaron que no se le permitiera el ingreso argumentan que una persona que se asume como mujer, pero tiene características anatómicas masculinas debe usar el baño de los varones.

Para ello, esgrimen varios argumentos, principalmente el relativo al derecho a que su intimidad sea respetada, pero también al de disfrutar de un entorno que garantice su seguridad.

Si bien es cierto que las personas transgénero consideran que utilizar los baños de hombres las expone a posibles acosos, quienes se oponen a que utilicen los de mujeres señalan que son ellas quienes pueden sufrir acoso, e incluso enfrentar riesgos a su integridad y a su seguridad personal. Advierten que esto podría abrir la puerta a que un varón diga asumirse como transgénero tan solo para ingresar a ese espacio y acosar, e incluso atacar a las mujeres.

Por otra parte, señalan que permitirles el ingreso a los baños de mujeres sería el primer paso para que no solo las personas transgénero, sino quienes simulen serlo, puedan acceder a espacios creados para la protección de las mujeres, como los vagones en el metro, los asientos en el transporte público, los vestidores en las tiendas de ropa, y más aún, las regaderas en clubes deportivos y gimnasios, por mencionar algunos. Esto sería un retroceso en el tema de la protección de los derechos de las mujeres, en el que en nuestro país se han logrado algunos avances, aunque aún no los suficientes.

Algunas personas han planteado como una posible solución la creación de baños neutros, no para sustituir los de hombres y los de mujeres, sino como un tercer tipo para quienes asumen una identidad de género distinta.

Aunque algunas personas consideran que esta propuesta es discriminatoria, lo cierto es que parecería ser la más viable ante los cambios sociales y la realidad que se vive en este aspecto. De esta manera, las mujeres seguirían teniendo la privacidad y seguridad que merecen, y las personas transgéneros no se sentirían acosadas o inseguras por tener que utilizar un espacio para hombres.

¿Usted qué opina?      

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