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Una vida de 1020: Anita Calderón

Alicia Sandoval

31 de enero. El ritmo de trabajo en las oficinas de La Primera se rompe cuando nuestros olfatos se ponen alertas, un delicioso olor sale del chiquigüite, y nuestras tripas crujen imaginando las deliciosas viandas que doña Anita Calderón Velasco, vía Gaby, su nieta, nos ha enviado desde la “Hermana República de San Juan Baustista Suchitepec” como cada mes, sin falta, haciendo honor a esa frase acuñada por el imaginario popular, “hasta pareces relojito”.

Vamos bajando a la recepción uno a uno, desde administración, pasando por noticias, los locutores, producción y computo. La banca verde sirve de mesa, se asoman las tostaditas, el delicioso mole estilo doña Anita, los triangulitos de frijol, la salsita, los nopalitos, chapulines, tortillas hechas a mano y hasta el postre, que nada más de acordarme se me hace agua la boca.

Todo preparado con amor, porque para ella la Familia de La Primera, es también la suya y para nosotros nuestra benefactora.

Una vida con la 1020, 71 años, ojos hermosos y semblante fuerte. La señora Anita, ha sido la más fiel radioescucha, 37 años desde que las primeras ondas hertzianas recorrieron la Mixteca.

“Muchas cosas bonitas de la XEOU, y yo recuerdo desde el primer locutor, el señor Prado, yo he seguido mucho a ustedes a la XEOU, me gusta mucho yo soy del pueblo, nada más que ahorita no puedo salir, pero los escucho desde las 7 de la mañana…Desde que Dios amanece la XEOU empezamos con los programas, las noticias y después todo”, dijo.  

Vivió con sus abuelos Francisca Velasco y Julio Calderón, campesino y vendedor de mezcal, además de tejer sombrero de palma, actividad que fue el sostén de su familia, cuando la elaboración de ésta artesanía era rentable. Hoy ya no.

Vive con su esposo José Villamil con quien procreó 5 hijos, 2 que viven en México, uno que emigró a los Estados Unidos, y dos más que viven en la Mixteca, además de su inseparable nieta Gaby, la emisaria del sabor.

Según nos cuenta doña Anita la iniciativa de comenzar a enviar comida a la estación fue cuando un locutor visitó su casa,

“Un locutor llegó a la casa, mi hijo estaba malo y le dijo, Alejandro ven acá, ¿quieres que sea yo tu amigo?, si le dijo, tenía como 12 años, pues ahí está primero te vas a curar porque así malo no, primero te curas y después estudias y si entendió, y así empecé, empecé…Yo quisiera mandarles todo, servirles un molito, un pozole”.

A demás de llenarnos la barriga, también nos llena el corazón. Hay una frase del escritor estadunidense Mark Twain que dice: “La amabilidad y el agradecimiento son el lenguaje que los sordos pueden oír y los ciegos pueden ver ¡Por favor No deje de hacernos sordos y ciegos doña Anita!

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